Primer bosquejo: La enfermedad

CONSIGNAS

1)-Tomar alguno de estos cuatro comienzos de novelas y cuentos. Continuarlos y desarrollar de acuerdo con lo que te sugiera ese texto.

“¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco? La enfermedad habría agudizado mis sentidos, en vez de destruirlos o embotarlos.”


La enfermedad ha sido lo que me ha iluminado el alma. La siento recorriendo mi piel dentro de mi torrente senguineo como un cementerio de sardinas en kilométricas calles de cemento. Los nervios, los benditos nervios son la adrenalina de un cuerpo sensible que se muerde los dientes y se lanza al abismo sin paracaídas. Éxtasis de vida. Cuando un segundo es uno mas y ahora te jugas el partido hasta el final.
¿Y que si ahora taladro y perforo la materia, hasta el quiebre?
¿Que si mis ojos adquieren otra tonalidad?
Camino dándole la vuelta a las cuatro esquinas como si se tratase de un cubo Rubrick o de un paredón. Pero es una puerta vacía. Un marco en un llano sin hogar.
Siempre de reojo con la boca torcida sintiendo o aguantando el daño o el peso y apretando el puño sin leer lo que eso me podría causar y lo que podría aprender.
Es: Alguien viene de atrás en la oscuridad, un farolito ilumina un cono de luz. La silueta de un hombre, una mano y en esa garra un puñal. Sin ruidos ni testigos, cae el hombre de traje y galera de rodillas con una estocada en la espalda. Y todo se disuelve en un borrón en la nada.
Nervioso. Si. Soy un nervioso de mierda. Fume mil whiskys y todavía tengo uno mas y cuando se acabe me compro otra botella.
El limite queda suspendido como un boludo en el capricho del orden.
Es una llamada. Un sincerisidio.
Fueron las culebras.
Venenosas se aferran a las patas de la libertad que intenta despegar como un ángel por los aires.
Pero digamos la verdad: Todo ángel tiene espada para cortar cabezas y sino terminara empoñado por las vivoras.
Quizás deberé agarrar el saco, tirar los dados y cantar al caballo y al alfil por una nueva suerte. Por una nueva sonrisa. O tomar el arco y disparar a la cabeza de las hienas.
Son decisiones personales que cuestan afrontar pero que deparan la nueva creación.
Quien diría que la muerte es tan necesaria para la resurrección como la enfermedad para la vida. O el aire al fuego.
Y sin embargo uno no quiere morir, enfermar o arder en llamas.
Quiere la debilidad del conformismo, chato y liso.
Aplacar sus nervios a la tranquilidad de lo monótono.
Al sin matiz. al Negro y blanco.
Eso es culpa de las bestias y del mago.
Uno siempre tendrá luz, color y ruido.
No hay lugar para los débiles.. En épocas de guerra se crece,
y si no se esta en una, se perece.
Si, molerse a palos. Esa es la cura a toda enfermedad.
Aí dolores, no llores, no llores.
Ai dolores alguien vendrá a por tí
y te dará un beso mientras duermes.

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