A ella.

I.
Caballeros de noble armadura también son rubias paladines de ojos azules.
Que surcando el mar rojo sobre un plateado cisne alado
con la mano apoyada sobre la filosa excalibur
apuntan con su dedo recién pintado,
la fortuna de tierras épicas.

II-
Bajo la tierra, un calabozo.
Sobre la superficie del desierto, una mano harapienta,
escapando de un hoyo abarrotado.
Apenada, baja de su corcel amarillo y estrecha la mano del sarnoso.
Y mirando al cielo. Sopla las nubes grises de la tormenta y la lluvia,
con la furia huracanada de su tempestad.

III-
Ella, amazona que le da puntadas al horizonte.
Ella, guerrera de mirada fija ante el blanco de tiro.
que con un soplo de su mirar hace caer la espada
en los débiles eslabones que quiebran los pesados grilletes.
Ella, profeta que separa las aguas con su garganta de trompeta.
Ella, vidente que sostiene la antorcha que ilumina a la fugaz pero constante sombra que atormenta al pálido fantasma.
Ella, quien sostiene frente a la cara del moribundo un espejo de esperanza.
La druida, la cortesana, la paloma blanca, la clérigo de túnica blanca
El sol, la llave, las flores, el aire y la vida.
Ella,
Mi Juana de arco, que flecho y conquisto mi corazón.
A ella, la luz de mis victorias.


Hombre suspendido; Sangre, lux, horizonte, sol y nubes



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